"La práctica médica no entraña solamente tejer, entretejer y tener activas las manos, sino que debe inspirarse en el alma, estar plena de conocimiento y tener como componente preciado la observación aguda y minuciosa; todo ello, junto con los conocimientos científicos exactos, son los requisitos para que la práctica médica sea eficiente."
Moisés ben Maimón (1135-1204)

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miércoles, 29 de julio de 2009

Identifican los genes de la 'piel joven'

Aparentemente, la belleza está en los genes. Por lo menos, esto es lo que indican las últimas investigaciones acerca del envejecimiento de la piel.

Utilizando técnicas surgidas del Proyecto Genoma Humano que permiten analizar grandes cantidades de genes, los científicos están comenzando a identificar cuáles de ellos son los responsables del aspecto juvenil de la piel, a entender cómo inciden en el proceso del envejecimiento y por qué algunas personas parecen envejecer más rápido que otras.

Entre otras cosas, los resultados de estos avances en el conocimiento permiten trazar un mapa que muestra que la biología íntima de la piel es más compleja de lo que se pensaba y revelan que su estructura depende de la interacción de casi mil proteínas diferentes.

Un gen es un segmento corto de ADN que le dice al cuerpo cómo producir una proteína específica, un proceso que comienza con la "transcripción". Las células de la piel tienen cada una aproximadamente 25.000 genes, pero sólo se activan (o expresan) los necesarios para gobernar la producción de las proteínas necesarias para el funcionamiento de ese tejido. De allí que identificarlos y conocer su función se haya transformado, entre los investigadores del envejecimiento, en algo así como la "búsqueda del tesoro".

Uno de los equipos que más avanzaron en este tema fue el de L´Oréal, en cuyos laboratorios trabajan más de 3000 investigadores. Trabajos publicados en revistas científicas como Archivos de Dermatología y Journal of Investigative Dermatology, y realizados en colaboración entre el profesor Louis Dubertret, jefe del servicio de dermatología del Hospital San Luis, de París, y Jacques Leclaire, director del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Vida de la compañía, pudieron cuantificar hasta qué punto la dinámica de reparación de la piel añosa es más lenta que en los tejidos jóvenes.

Comparando un grupo de personas de entre 20 y 35 años y otro de entre 60 y 75, mostraron que, luego de someterlos a estrés mecánico (exfoliación), la piel de los mayores se reparaba más lentamente que la piel joven: en la juventud, el pico de actividad genética se registró a las seis horas, mientras que en los más grandes se producía pasadas las 30 horas. En los jóvenes intervinieron 370 genes, mientras que en los mayores fueron 382 los que modificaron su nivel de expresión. Ciento ochenta y cuatro lo hacían tanto en los mayores como en los jóvenes, de lo que se desprende que 198 son específicos de las personas añosas.

En otro trabajo, esta vez realizado con el profesor Fernand Labrie, del Hospital Laval, de Quebec, Canadá, los científicos descubrieron que la piel contiene por lo menos 700 proteínas diferentes, entre las cuales el 30% no habían sido previamente observadas. También observaron que la piel joven y la piel añosa tienen diferentes "firmas" de proteínas.

Las patas de gallo o las líneas de la piel son producidas por la falta de proteínas como el colágeno o la elastina. Los investigadores descubrieron que la piel joven tiene una "firma" de proteínas diferente de la de la piel envejecida. En el futuro, se espera poder estudiar la "firma proteómica" de una piel en particular, para conocer qué proteínas le faltan y ofrecerle un tratamiento específico.

Ellos también pudieron constatar que a medida que envejecemos se altera la transcripción de 568 genes. Entre ellos, se cree que hay 184 que son precisamente los responsables de dar una apariencia juvenil a la piel.

Ocho formas de envejecer

Según informa The Sunday Times , Jay Tiesman, investigador principal de la división biotecnológica de Procter & Gamble Beauty, y su equipo también se dedicaron a buscar los cambios genéticos que influyen en el envejecimiento de la piel.

Descubrieron que hay 1500 genes que determinan durante cuánto tiempo una persona retiene su aspecto juvenil. Y que la piel envejece de ocho formas diferentes, cada una controlada por su propio conjunto de genes.

Una de las más importantes es la hidratación, el proceso por el cual la piel reúne y retiene sus niveles de humedad, utilizando moléculas que unen el agua a la piel.

A medida que se envejece, los genes que producen cada una de esas moléculas parecen hacerse menos activos y la habilidad para retener agua disminuye, lo que eventualmente conduce a la aparición de arrugas.

Aunque se creía que se trataba de un proceso relativamente simple, el equipo de Tiesman encontró que en él podían intervenir hasta 700 genes.

Otro de los caminos involucrados en el envejecimiento es el de la síntesis de colágeno, producido por la piel para darle estructura y fuerza. Los científicos hallaron que los genes que degradan el colágeno se vuelven demasiado activos a medida que envejecemos, y esto hace que la piel desarrolle líneas de expresión y arrugas. Hasta ahora, se encontraron 40 genes involucrados en este proceso.

Una tercera vía es la inflamación, que involucraría alrededor de 400 genes, también más activos a medida que envejecemos.

Las investigaciones muestran la complejidad de las interacciones genéticas y los procesos que éstas determinan en el aspecto de la piel. Pero también dejan entrever otros mecanismos que confirman la necesidad de tener en cuenta los actuales consejos de los médicos.

Uno de ellos es que la exposición a factores ambientales, como la luz solar, puede tener consecuencias negativas. De acuerdo con el equipo de Tiesman, en la piel añosa que no había sido expuesta al sol, se detectan alrededor de 3800 mutaciones, mientras que en la que fue expuesta intensamente al sol el número de cambios en los mismos genes alcanza los 10.000.

fuente:TucumaNoticias

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