"La práctica médica no entraña solamente tejer, entretejer y tener activas las manos, sino que debe inspirarse en el alma, estar plena de conocimiento y tener como componente preciado la observación aguda y minuciosa; todo ello, junto con los conocimientos científicos exactos, son los requisitos para que la práctica médica sea eficiente."
Moisés ben Maimón (1135-1204)

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Mala reparación de daños en el ADN, ¿la causa de la esclerosis lateral amiotrófica?

La esclerosis lateral amiotrófica, una dolencia degenerativa neuromuscular, conocida también como enfermedad de Lou Gehrig, y que está relacionada con la enfermedad neuronal motora que padece el famoso físico Stephen Hawking, es una afección neurodegenerativa que destruye las neuronas encargadas de controlar los movimientos de los músculos. No hay todavía una cura para la esclerosis lateral amiotrófica, que mata a la mayoría de pacientes de tres a cinco años después de que aparezcan los primeros síntomas, y se trata de una enfermedad más común de lo que podría parecer: Sólo en Estados Unidos unos 5.600 nuevos casos se diagnostican cada año. 

Un equipo de neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Estados Unidos, ha encontrado nuevos indicios de que un fallo al reparar ADN dañado subyace en el origen de la esclerosis lateral amiotrófica, y quizá también en el de otras dolencias neurodegenerativas como por ejemplo el Mal de Alzheimer. 

Lo descubierto en el nuevo estudio implica que los fármacos que refuerzan la capacidad de reparar ADN en las neuronas podrían ayudar a los pacientes de esclerosis lateral amiotrófica, tal como argumenta Li-Huei Tsai, directora del Instituto Picower para el Aprendizaje y la Memoria, adscrito al MIT, y coautora del estudio en el que se ha hecho este prometedor hallazgo. 

Las neuronas figuran entre las células del cuerpo humano que más tiempo viven. Mientras que otras células son reemplazadas a menudo, por regla general muchas de nuestras neuronas se conservan a lo largo de toda nuestra vida. En consecuencia, las neuronas pueden acumular muchos daños en el ADN y debido a ello son especialmente vulnerables a los problemas derivados de tales daños, sobre todo si las reparaciones del ADN no se efectúan correctamente por algún motivo. 

A la izquierda, una neurona muestra un grado normal de reparación de ADN, indicada por una fluorescencia verde. A la derecha, una neurona con una forma mutada de la proteína FUS, hallada en pacientes de esclerosis lateral amiotrófica, muestra un grado muy bajo de reparación del ADN. (Imágenes: Wen-Yuan Wang y Ling Pan)

Nuestro genoma está sufriendo daños de manera constante, y las rupturas en las hebras del ADN son cotidianas. Afortunadamente, esto no es un problema serio porque tenemos en nuestro interior la maquinaria necesaria para repararlas. Pero si esta maquinaria de reparación no funciona del todo bien, las neuronas acaban siendo las células más perjudicadas. 

La HDAC1 es una enzima que regula los genes al modificar la cromatina, la cual consiste en ADN enrollado alrededor de un núcleo central de proteínas llamadas histonas. La actividad normal de la HDAC1 hace que el ADN se enrolle más prietamente alrededor de las histonas, impidiendo la expresión génica. Sin embargo, las células, incluyendo a las neuronas, también explotan la capacidad de la HDAC1 para tensar la cromatina a fin de estabilizar las puntas de cadenas de ADN roto y promover su reparación. 

La HDAC1 trabaja cooperativamente con una enzima llamada sirtuína 1 (SIRT1) para reparar el ADN e impedir la acumulación de daños que podría ser un detonante de la neurodegeneración. 

Cuando una neurona sufre rupturas de doble hebra, la SIRT1 migra en pocos segundos a los sitios dañados, donde recluta con suma rapidez a la HDAC1 y a otros factores de reparación. La SIRT1 también estimula la actividad enzimática de la HDAC1, ayudando a que las puntas rotas del ADN vuelvan a sellarse. 

La SIRT1 ha ganado notoriedad recientemente como la proteína que promueve la longevidad y brinda protección contra enfermedades entre las que se incluyen la diabetes y el Mal de Alzheimer. El grupo de Tsai cree que el papel de esta proteína en la reparación del ADN contribuye significativamente a esos efectos beneficiosos. 

En un intento para identificar más sustancias que trabajan junto a la HDAC1 en la reparación del ADN, Tsai y sus colegas centraron su atención en una proteína llamada FUS (por las siglas del inglés Fused In Sarcoma). El gen FUS correspondiente está en una de las posiciones más comunes para mutaciones que causan las formas hereditarias de la esclerosis lateral amiotrófica. 

El equipo de Tsai, Wen-Yuan Wang y Ling Pan encontró que la FUS aparece rápidamente en escena cuando se daña el ADN, lo que sugiere que la FUS es quien orquesta la respuesta reparadora. Una de sus funciones es reclutar a la HDAC1 para que actúe en el sitio donde el ADN ha sido dañado. Sin ella, la HDAC1 no aparece y la reparación necesaria no se lleva a término. Tsai cree que la FUS también podría estar involucrada en la detección rápida de daños en el ADN. 

Se han encontrado al menos 50 mutaciones en el gen FUS que causan esclerosis lateral amiotrófica. La mayoría de estas mutaciones tiene lugar en dos secciones de la proteína FUS. El equipo del MIT realizó un mapa de las interacciones entre FUS y HDAC1, y encontró que esas dos secciones de FUS se enlazan a HDAC1. 

Los hallazgos hechos en esta investigación sugieren que los fármacos que promueven la reparación del ADN, incluyendo activadores de HDAC1 y SIRT1, podrían ayudar a combatir los efectos de la esclerosis lateral amiotrófica. Un prometedor grupo de activadores de SIRT1 está ya en una fase muy avanzada de diseño, y se ha comenzado a ponerlos a prueba en ensayos clínicos con miras a su posible uso futuro en el tratamiento de la diabetes. 


Fuente: NCYT

sábado, 7 de septiembre de 2013

Encuentran un azúcar que hace retroceder la Esclerosis Lateral Amiotrófica

Un equipo formado por científicos chilenos ha encontrado un azúcar, llamado trehalosa, capaz, en fase experimental, de hacer retroceder el avance de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), ya que enseña a las células a eliminar proteínas anormales.

La ELA, una enfermedad neuromuscular que produce parálisis progresiva, se observa principalmente en personas cercanas a los 50 años, con una expectativa de vida alrededor de tres a cinco años y que no tiene cura.

El único tratamiento aprobado es el riluzol, que retrasa los síntomas durante unos tres meses, pero que no alarga la vida de los enfermos.

"Esta patología tiene que ver con la muerte de las neuronas que controlan los movimientos de los músculos, que se llaman las motoneuronas", señala en una entrevista Claudio Hetz, director alterno del Instituto de Neurociencia Biomédica de Chile

"Los pacientes en general mueren por distintas complicaciones. Una de las principales es un paro respiratorio porque dejan de controlar el diafragma o porque sufren muchas infecciones y no pueden eliminar las flemas", agrega.

La investigación, iniciada el año 2007 con el apoyo de entes chilenos como CONICYT (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica) y de la Muscular Dystrophy Association estadounidense, estudia cómo las neuronas responden frente a los daños observados en ELA, enfermedad que padece el físico británico Stephen Hawking.

El chileno señaló que una de las alteraciones principales que han observado en los animales de laboratorio a los que les han introducido el gen mutante del ELA es que "se acumulan proteínas aberrantes, que son altamente tóxicas".

Con la trehalosa "lo que hacemos es que la célula elimine en forma natural las proteínas anormales, que lo reconozca como material biológico reciclable. La célula toma estos cúmulos proteicos y los empieza a eliminar por un proceso que se denomina autofagia, que significa comerse a sí mismo", dice el científico.

Hetz aseveró que llegaron hasta este azúcar, que estimula el proceso de autofagia, porque un grupo de científicos en Inglaterra lo encontraron y lo probaron en modelos de la enfermedad de Hungtinton.

A pesar de que todavía queda bastante para que llegue a los humanos, Hetz indica que existen evidencias de que varias investigaciones apuntan en la misma dirección.

"El proceso es muy largo, toma años y años en aplicar a humanos pero han salido otros estudios con otras drogas que promueven el mismo proceso de autofagia y también generan retardo de la enfermedad", manifiesta el chileno, que también es profesor titular de la Universidad de Chile y profesor adjunto de Harvard.

"La evidencia conjunta de distintos laboratorios en el mundo indica que es un buen blanco terapéutico, tratar de aumentar la capacidad de las neuronas con la eliminación de las proteínas alteradas de la basura", añade.

Además, señaló que la trehalosa puede emplearse en diferentes patologías pero "experimentalmente en todos los casos" y apuntó que en Reino Unido tienen pensado "hacer un análisis clínico con pacientes de Huntington ".

Solo el 10 por ciento de los casos de esta patología se deben a causas genéticas, mientras que el 90 por ciento son esporádica al producirse sin tener antecedentes familiares.

"Las dos, la esporádica y la familiar, son en términos clínicos y en la progresión equivalentes. Lo que se piensa es que probablemente la causa sea en términos moleculares común", concluye Hetz.

Fuente: INFORMADOR

miércoles, 27 de junio de 2012

El 7% de los pacientes afectados por ELA presenta una mutación genética

Un grupo de investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), entidad dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad a través del Instituto de Salud Carlos III, ha determinado la frecuencia de casos genéticos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en la población española.

La presentación del estudio se ha realizado durante la jornada científica organizada por la Asociación Española de ELA (Adela) con motivo del Día Mundial de esta enfermedad neurodegenerativa.

En un trabajo realizado con 936 pacientes de 30 hospitales de toda España, los investigadores han analizado la frecuencia de una mutación en el gen C9orf72, descubierta el pasado mes de octubre, que supone la expansión de seis nucleótidos y que parecía ser la responsable de un porcentaje importante de pacientes con ELA.

Según las conclusiones de este trabajo, el 7% de de los afectados por esta patología neurodegenerativa presentan esta mutación. Además, cuando se evaluó el subgrupo de pacientes con algún familiar afectado, la proporción de portadores de la mutación aumentó hasta el 27%, mientras que en el grupo de pacientes sin ningún familiar afectado la prevalencia de la mutación descendía hasta el 3%.

Además, esta investigación revela un adelanto en la edad de inicio de la enfermedad. Así, los portadores de esta mutación presentan una edad media de inicio significativamente menor que en el resto de casos, 55 años frente a 58 años. Es más, los pacientes que presentan esta alteración genética tienen más riesgo de presentar demencia durante el transcurso de la enfermedad.

Los portadores de esta mutación presentan una edad media de inicio menor que en el resto de casos, 55 frente a 58 años

El trabajo afirma que la variante genética de esta enfermedad también se encuentra entre la población española, aunque en una frecuencia inferior a otros países como Finlandia, Irlanda o Inglaterra.

Para los autores, “avanzar en el conocimiento de este tipo de alteraciones genéticas es fundamental para profundizar en la comprensión de las bases biológicas de la enfermedad, lo que permitirá desarrollar nuevas estrategias de diagnóstico, seguimiento clínico y nuevos tratamientos”.

Una esperanza de vida corta

La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por la muerte de neuronas de la corteza motora, del tallo cerebral y de la médula espinal cuya evidencia suele asociarse con debilidad muscular progresiva, atrofia y parálisis. Es una patología para la que no existe cura, aunque los pacientes sí disponen de tratamientos paliativos, y tiene una esperanza de vida de entre 3 y 5 años desde la aparición de la enfermedad.

Es la enfermedad neuromuscular más frecuente en el adulto. Presenta una incidencia de 1-2 casos por 100.000 habitantes por año y una prevalencia de 4-8 casos/100.000 habitantes, aunque se han descrito poblaciones que presentan una mayor prevalencia (isla de Guam, península Kii y Papua-Nueva Guinea). Debido a su baja prevalencia, la ELA se clasifica como enfermedad rara.

La edad media de aparición es de 58 años, presentando en un 5% de los casos formas juveniles. Es más frecuente en varones con una proporción de 3 a 2. En un 70% de los casos comienza con síntomas espinales como debilidad y atrofia; y en un 30%, comienza con síntomas bulbares como disartria (trastornos del habla) o disfagia (dificultad para la deglución).