"La práctica médica no entraña solamente tejer, entretejer y tener activas las manos, sino que debe inspirarse en el alma, estar plena de conocimiento y tener como componente preciado la observación aguda y minuciosa; todo ello, junto con los conocimientos científicos exactos, son los requisitos para que la práctica médica sea eficiente."
Moisés ben Maimón (1135-1204)

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domingo, 5 de julio de 2009

ERRORES COMUNES EN MELANOMA Y CÁNCER CEREBRAL


El error más pequeño que puede sufrir nuestro ADN se parece mucho a una tilde mal puesta. La mayoría de las veces, olvidarse de acentuar una palabra no tiene mayor importancia y el texto sigue teniendo sentido. Sin embargo, si todos los pacientes con una cierta enfermedad tienen la tilde mal puesta en la misma palabra, al contrario que las personas sanas, los investigadores pueden sospechar que en esa palabra o sus alrededores hay algún error que predispone a padecer esa patología. En el último número de la revista 'Nature' varios equipos internacionales describen una misma región mal acentuada en el genoma compartida por los pacientes con tres tipos de cáncer: el de piel (tanto el carcinoma basal como el melanoma) y el glioma (un tipo de tumor cerebral).

La cuestión no parece casual si se tiene en cuenta que tanto los melanocitos (las células de la piel que se malignizan en el cáncer de piel) como las células del sistema nervioso central que dan origen a los gliomas son muy parecidas embriológicamente y ambas tienen lugar en la llamada cresta neural.

Los gliomas son un tipo de cáncer que se origina en el tejido conectivo del cerebro y la médula espinal y que representan el 88% de los casos de cáncer en el cerebro. El trabajo dirigido por Sanjay Shete, del MD Anderson de Houston (en Texas, EEUU), ha descubierto algunas de estas 'tildes mal puestas' en cinco genes diferentes que podrían incrementar el riesgo de una persona de sufrir este cáncer.

La sopa de letras de genes a la que acaban de poner nombre está compuesta por CCDC26 (localizado en el cromosoma 8), TERT (que preserva los telómeros del acortamiento), PHLDB1 (que hasta ahora ya se había relacionado con otro tumor como el neuroblastoma), RTEL1 (que mantiene la estabilidad de los cromosomas ante los daños) y CDKN2A (relacionado con otros genes supresores de tumores).

Por separado, cada variación no aumenta el riesgo de un individuo más de un 35%, pero el problema se agrava si alguien acumula en su ADN más de una porque su efecto es acumulativo. A pesar de que se trata del trabajo genético más numeroso hasta la fecha con este tumor, los investigadores reconocen que aún es pronto para pensar en poder identificar a los pacientes con más riesgo con un simple análisis.

Dos trabajos con participación española

Curiosamente, la segunda investigación, con participación española, ha identificado una región del genoma cerca del mismo gen CDKN2A que aumentaría el riesgo de sufrir cáncer de piel de tipo melanoma, la variedad más agresiva de estos tumores.

Como explica la doctora Susana Puig, investigadora del centro IDIBAPS del Hospital Clínic de Barcelona, CDKN2A es un viejo conocido de los dermatólogos ("es el equivalente al BRCA en cáncer de mama"), y se sabe que su mutación está relacionada con la aparición del llamado melanoma familiar. "Este gen aumenta de 800 a 1.000 veces el riesgo de cáncer, pero con esta mutación sólo éramos capaces de explicar el 50% de los casos hereditarios, por lo que sospechábamos que debía existir algo más".

Para encontrar ese 'algo más', un equipo internacional liderado por Julia Newton Bishop, del Cancer Research británico, analizó en detalle el ADN de 10.000 individuos de origen europeo para leer nada menos que 375.000 polimorfismos de un solo nucleótido (también llamados SNPs), esos errores mínimos en el genoma que en la mayoría de la población no suponen ningún problema. Es decir, a diferencia de las grandes mutaciones (que tienen una influencia directa en la aparición del cáncer), estos pequeños fallos son más habituales en la población, pero menos determinantes por sí solos.

En el estudio se incluyó a pacientes cuyos tumores de piel indicaban que podían ser de origen genético, pero en los que no se había hallado ninguna mutación en el 'gen del melanoma'. Es decir, pacientes con varios casos en su familia, que habían sufrido varios melanomas en distintas partes de su cuerpo (el llamado melanoma primario múltiple) o bien que habían sido diagnosticados antes de los 40 años a pesar de no tener un estrecho contacto con el sol.

La comparación de estos individuos con personas sanas ha permitido descubrir tres errores relacionados con este agresivo cáncer de piel. Dos de ellos se encuentran en los genes Tyr y MCR1, relacionados con la pigmentación de la piel y la sensibilidad al sol (y que ya se habían identificado en trabajos previos). La tercera 'tilde mal puesta' se ubica en el cromosoma 9, en una zona cercana al gen CDKN2A (el mismo identificado en el glioma), donde se establece además la posibilidad de que una persona sufra muchos lunares.

A pesar de las diferencias genéticas de los participantes (había españoles, franceses, suecos o australianos, entre otras nacionalidades), estos polimorfismos aumentaban el riesgo por igual en todas las poblaciones, independientemente del distinto grado de exposición al sol. Respecto a la coincidencia con el trabajo de los tumores cerebrales, la doctora Puig aclara que "no está demostrado que las personas con melanoma tengan más riesgo de glioma, pero sí se ha detectado la presencia de ambos tumores paralelamente en algunas familias con melanoma familiar".

El tercero de los trabajos, en el que han participado investigadores del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, el Instituto Valenciano de Oncología (IVO) y el Hospital General San Jorge de Huesca, ha sido dirigido por Kari Stefanson de la compañía islandesa deCODE. En este caso se ha identificado una variante genética localizada en el gen de la citoqueratina 5 (KRT5) que aumenta el riesgo de desarrollar carcinoma de células basales (CCB) de la piel hasta un 35%. Este tipo de tumor cutáneo es menos maligno que el melanoma pero su aparición es más frecuente.

Fuente: elMundo

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